El contrato de concesión

 

También conocido como contrato de distribución en exclusiva.

En esta modalidad contractual el productor o distribuidor (concedente) otorga al concesionario la exclusiva de reventa de sus productos dentro de una zona geográfica determinado y bajo sus directrices y supervisión.

El contrato de concesión es un contrato de duración e intuitu personae, y además tiene como notas características, en primer lugar, que la exclusiva que el concedente da al concesionario para un área geográfica supone que el concedente no podrá contratar con ningún tercero para distribuir sus productos en régimen de competencia para el concesionario; y, en segundo lugar, que el concesionario interviene frente a terceros en nombre propio, organizando su actividad empresarial por su cuenta y riesgo, y con sus propios medios.

 

Elementos formales

El contrato de concesión no tiene ninguna formalidad especial, y a él le resulta de plena aplicación el principio de libertad de forma establecido en el art. 1278 del Código Civil.

El contrato de concesión nace por la simple conjunción de la oferta y la aceptación sobre los elementos esenciales. Puede celebrarse de forma verbal, pero es aconsejable que el contrato, por su complejidad, se celebre por escrito.

 

Modalidades de concesión

Dependiendo de la naturaleza de la relación que entre el concedente y el concesionario exista, se podrán distinguir dos modalidades de distribución:

En primer lugar la distribución en régimen de venta, en la que el concesionario compra y adquiere las mercancías y productos objeto de distribución al concedente, revendiéndolas en el mercado y beneficiándose de la diferencia entre la venta inicial y la reventa.

Y, en segundo lugar, la distribución en régimen de deposito, consiste en que el concesionario no compra ni adquiere las mercancías y productos objeto de distribución, sino que los recibe del concedente en régimen de depósito o suministro, abonando a éste el precio pactado, vendiéndolos posteriormente en el mercado a terceros.

 

Obligaciones del concesionario

La obligación esencial del distribuidor exclusivo es la de comercializar los productos del concedente dentro de la zona que se le ha asignado como exclusiva. En el contrato habrán de fijarse las condiciones de la actividad que habrá de desarrollar el concesionario para la reventa de los productos que el concedente le ha suministrado.

Como regla general, el concedente dará las instrucciones precisas a seguir por el concesionario en la comercialización de sus productos. El cumplimiento de estas instrucciones por parte del concesionario es obligatorio, viendo, por tanto, su capacidad de actuación limitada a las órdenes del concedente. Estas normas o instrucciones pueden imponerse en lo relativo a la publicidad, promoción, marketing, precios, etc.

Las partes pueden establecer unos objetivos mínimos de comercialización o ventas de los productos del concedente, por lo que, en este caso, será obligación del concesionario cumplir esos objetivos, con la posibilidad, en caso de incumplimiento, de la resolución del contrato de concesión.

Asimismo, serán obligación del concesionario la abstención en el ámbito geográfico de otros concesionarios, es decir, deberá respetar en todo caso el área asignada para la reventa de los productos del concedente. Y, de igual forma, también será obligación del concesionario, con carácter de obligación de no hacer, el no vender los productos de otros distribuidor o fabricante que pudiera perjudicar al concedente con el que mantiene la relación contractual.

El incumplimiento de las obligaciones de non facere ahora descritas son causa de resolución unilateral del contrato por el concedente, tal y como se ha recogido en numerosas sentencias del Tribunal Supremo, como son la de 30 de junio de 1987, la de 26 de octubre de 1986 o la de 31 de mayo de 1983, entre otras.

Por lo general, en los contratos de concesión suele imponerse al concesionario la obligación de establecer un almacén de recambios o piezas de repuesto y el mantenimiento de un servicio técnico que atienda las averías que puedan producirse en los objetos que revende.

Otra de las obligaciones fundamentales del concesionario es la de pagar el precio o contraprestación pactada con el concedente por la distribución en exclusiva de los productos. Si se trata de una distribución en régimen de venta, la contraprestación venderá dada por el pago del precio de los productos que adquiera el concesionario para su reventa, mientras que si se trata de una distribución de depósito, la contraprestación, fija o variable, dependerá de lo que las partes pacten en cada caso.

 

Obligaciones del concedente

El concedente se obligará a vender o suministrar al concesionario los productos en los términos pactados.

El concedente además se obliga a respetar la exclusiva territorial concedida al concesionario para un área geográfica determinada. La concesión en exclusiva a favor del distribuidor puede resultar de la interpretación del contrato, si se llega a la conclusión de que ésta era la intención de los contratantes, aunque no figure expresamente recogida en el contrato.

 

Extinción del contrato

El contrato de concesión se extinguirá por las circunstancias que en él se contengan, que se suelen regular con detalle, así como las consecuencias de la extinción. Sin embargo es necesario que se distingan los supuestos en los que las partes han establecido un plazo de duración determinado y en los que el contrato se ha concertado con una duración ilimitada:

1. Contrato de duración limitada.

El contrato de concesión de duración limitada se extinguirá cuando llegue a fin el plazo que por las partes se estableció. La finalización del contrato de concesión por esta vía no supone el nacimiento de ningún derecho u obligación para las partes, salvo que en el contrato se prevea otra cosa.

No obstante lo anterior, puede haber lugar a la reclamación de la indemnización por clientela.

2. Contrato de duración ilimitada.

Que el contrato tenga una duración ilimitada no significa que no pueda extinguirse por las partes. En caso de denuncia unilateral del contrato, deberá existir un plazo de preaviso. En el supuesto en que no se haya determinado este plazo de preaviso, se deberá acudir a los usos del comercio. Para el supuesto de que tampoco exista uso, acudiremos a lo expuesto en el art. 302 del Código de Comercio entendiendo del plazo de un mes de preaviso, pero que sin duda es escaso. Es quizás, por lo ahora dicho, que lo más adecuado sea acudir a lo contenido en el art. 1258 del Código Civil, es decir, acudir al principio de buena fe contractual.

Haz click aquí para ver las diferencias con el contrato de franquicia en el blog de Alejandro Seoane Pedreira.

 

Muchas Gracias.

BORJA MEDÍN SUÁREZ.

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